Fuimos diseñados con limitaciones. Nunca fuimos creados para ser Dios. Pero la raíz de cada pecado es nuestro deseo rebelde de poseer atributos que solo le pertenecen a Dios. Llamándonos a abrazar nuestras limitaciones como medios para glorificar el poder ilimitado de Dios, Jen Wilkin nos invita a celebrar la libertad que resulta de dejar que Dios sea Dios.

Nadie como ÉL

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  • Jen Wilkin

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Coalición de Consejería Bíblica